El reto de competir y el valor de la implicación
Este fin de semana, el mundo del judo se detiene. Se disputa el Grand Slam de París en el Accor Arena, una cita donde los mejores judokas del planeta se dan cita en un país donde nuestro deporte es auténtica devoción. Ver el nivel de esos atletas es un privilegio, pero también nos obliga a hacernos una pregunta incómoda en la tranquilidad de nuestro club.
Hace unos días, hablando con algunos de los "viejos judokas" en el club durante el entrenamiento, surgió un tema: ¿Por qué, si tenemos infantiles y cadetes con un randori técnico y brillante, no los vemos competir de forma regular en los eventos de nuestro entorno?
Es cierto que la motivación competitiva no lo es todo en el judo. Sin embargo, el Shiai es la prueba de fuego. Llegar a una competición exige una mentalidad y un reto de alto nivel. No basta con ponerse el judogi y entrenar; hay que prepararse en cuatro frentes innegociables: psicológico, físico, técnico y táctico.
El judo de competición es exigente. No es algo que se pueda improvisar yendo a clase dos días por semana. Aunque existen judokas talentosos que logran resultados con poco esfuerzo, son la excepción, no la regla y está marcado por la evolución natural del judoka en categorías inferiores debido al desarrollo prematuro de cada individuo. El judo moderno requiere una preparación integral adaptada a las edades madurativas.
Un compromiso compartido donde estamos implicados todos. Para que un judoka llegue a esos niveles de exigencia, no puede caminar solo. Necesitamos una implicación total en tres niveles:
El Deportista: Debe tener sus metas claras y entender que la disciplina supera al talento.
El Entrenador: Guía el camino técnico y táctico, ajustando cada detalle para el combate real.
La Familia: Es el pilar fundamental. Sin este apoyo emocional y logístico en casa, el deportista difícilmente podrá competir en plenitud.
Toda esta preparación tiene un objetivo cercano. No hace falta irse a París para empezar a forjar nuestra leyenda. Tenemos a la vuelta de la esquina las próximas citas del Ranking Andaluz y, por supuesto, el Campeonato de Andalucía.
Estas competiciones son el escenario ideal para que nuestros infantiles y cadetes pongan a prueba lo aprendido.
Para terminar, quiero dejar algo claro: competir no lo es todo, pero la IMPLICACIÓN sí lo es. No todos los que se ponen el judogi tienen que buscar la medalla de oro, pero sí creemos en el valor de comprometerse con el proceso. Ya sea para mejorar tu técnica, para ayudar a un compañero a preparar su examen o para dar el paso la competición, la clave es la actitud.
Al final, el Judo no se trata solo de ganar, sino de ser hoy un poco mejor de lo que fuimos ayer. El camino hacia París —y hacia nuestra mejor versión— empieza hoy en nuestro propio tatami.
¡Nos vemos en el entrenamiento!

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