La Responsabilidad sobre el Tatami: Arbitrar(Parte II)
Tras nuestra anterior reflexión sobre La responsabilidad sobre el tatami: arbitrar, donde analizamos la base teórica que sustenta nuestra labor, es momento de dar un paso más allá, para los árbitros noveles y los de mayor experiencia.
Para quienes están comenzando su andadura en el arbitraje, mi mensaje es
claro: la responsabilidad no debe paralizaros, sino impulsaros a una
formación permanente. Formarse es arbitrar con constancia, revisando el
reglamento y tratando de aplicar la norma en competición con la mayor
rigurosidad posible.
En el tatami, la presión es palpable: las miradas expectantes de los
competidores, la tensión de los entrenadores y el clamor del público crean un
escenario complejo. Ante esto, el árbitro debe aislarse del ruido externo para
actuar con absoluta objetividad. Para navegar este escenario, debemos apoyarnos
en tres pilares fundamentales:
- Dominio
Técnico Actualizado: El regreso del Yuko en este ciclo olímpico es el mejor ejemplo
de que nuestra formación nunca termina. Debemos ser extremadamente
precisos para distinguir un aterrizaje de costado de menos de 90° (Yuko), de uno que supera
ese ángulo (Waza-ari) o
de la caída total sobre la espalda que define la victoria inmediata (Ippon). Esa frontera de
pocos grados es la que define el destino de un combate. Pero nuestra labor
no acaba en la puntuación: gestionar las amonestaciones por falta de combatividad,
detectar con agudeza los falsos
ataques o dominar el timing
exacto del Matte son
habilidades que requieren una actualización constante. Solo así
mejoraremos como árbitros.
- La Humildad
del Consenso: No veáis la corrección del sistema de vídeo (CARE) o de vuestros
compañeros de mesa como una exposición del error, sino como una red de
seguridad. Somos un equipo de tres valorando acciones en fracciones de
segundo. Rectificar con naturalidad demuestra profesionalidad, no
debilidad.
- Gestión
Emocional: El árbitro debe ser un bloque de serenidad. Si la presión de un
combate decisivo parece superarte, recuerda que tu labor es proteger el
esfuerzo del competidor a través del reglamento. Un error no es un
fracaso, es una lección aprendida. Por ello, nuestra preparación mental
debe ser tan rigurosa como la de los propios deportistas.
En definitiva, arbitrar conlleva una responsabilidad inmensa hacia los
deportistas, los entrenadores y hacia nuestra propia integridad. Nuestra misión
es aplicar una norma donde el elemento subjetivo siempre está latente, luchando
por la máxima objetividad.
Por ello, os insto a algo fundamental: tratad cada combate de un
campeonato escolar con la misma rigurosidad y respeto que si fuera una final
olímpica, porque para ese judoka que está frente a vosotros, ese momento es
su final olímpica. Sed el garante de su esfuerzo, sed el equilibrio en el caos
y, sobre todo, sed la justicia que el Judo merece. Nos vemos en el tatami."

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