La Responsabilidad sobre el Tatami: Arbitrar (Parte I)
Recientemente se han publicado las clasificaciones nacionales de arbitraje, ese baremo donde la Comisión evalúa nuestro desempeño técnico y nuestras intervenciones durante la temporada en Copas de España, Sectores Nacionales y Finales Nacionales. Este momento de evaluación personal me ha llevado a reflexionar sobre la verdadera esencia y la complejidad de nuestra labor.
El árbitro debe ser, ante todo, Judoka
Arbitrar es difícil en cualquier disciplina, pero en judo tiene una particularidad que nos engrandece: para arbitrar judo, tienes que haber hecho judo. No es solo aplicar un reglamento, es comprender la mecánica del movimiento. Debemos ser capaces de identificar los elementos esenciales de la técnica: el Kuzushi (desequilibrio), el Tsukuri (preparación) y, finalmente, el Kake (ejecución).
El reglamento de la IJF para este ciclo olímpico establece normas claras sobre los agarres y la terminación de las proyecciones. Según el aterrizaje de Uke, debemos decidir en fracciones de segundo si la acción es Ippon, Waza-ari o Yuko, o si simplemente no hubo suficiente control o impacto para puntuar.
En busca de Objetividad, consecuencias del error.
Si bien buscamos la máxima objetividad, el arbitraje siempre conservará un matiz subjetivo basado en el criterio propio y la experiencia. Esa es nuestra mayor responsabilidad: tomar una decisión trascendental en un tiempo ínfimo. En esto radica la complejidad del arbitraje.
A los futuros árbitros siempre les transmito lo mismo: nuestra mano levantada, pesa. La responsabilidad que tenemos al ponernos a arbitrar es grande, pues una decisión errónea puede truncar las aspiraciones de un deportista. Sin embargo, hay una distinción crítica que debemos hacer, sin que con esto quiera decir que errar con deportistas de elite está más justificada que con un deportista de base. Entiendo que el deportista de Élite participa en el circuito de Grand Slams, Copas de Europa o Mundiales, dando así por sentado que el judoka tiene un calendario amplio. Un error arbitral es doloroso, pero el sistema de clasificación le suele permitir "seguir sumando" en la siguiente cita.
En cambio, sin desmerecer el trabajo de estos deportistas, el judoka de base (y aquí es donde me plantea cierta incertidumbre y recelo) que empieza y que entrena todo el año para llegar a una Fase Sector del Campeonato de España o una Final del Campeonato Nacional, no dispone de una "segunda oportunidad". Una mala decisión arbitral que lo deje fuera del corte significa, literalmente, el fin de su temporada y de sus ilusiones competitivas por ese año.
La Tecnología al servicio de la valoración más justa.
Por todo esto, la valoración de cada acción debe ser un trabajo de equipo y la importancia de analizar de manera consensuada las decisiones a tomar por los tres árbitros (el de tapiz y los de mesa/CARE). Afortunadamente, las nuevas tecnologías y el sistema de vídeo CARE, nos permiten analizar de forma inmediata las imágenes para rectificar si es necesario. Contamos también con la ayuda del Comisionado, que puede ayudar a tomar decisiones acertadas para ser lo mas justos posibles.
Errar es humano, pero persistir en el error por dejadez, por querer terminar rápido, cuando tenemos las herramientas para corregirlo y posibilidad de consultar en el momento, es inaceptable. Nuestra misión no es ser protagonistas, sino asegurar que el resultado final sea el que el judoka se ha ganado legítimamente sobre el tatami, y algo muy importante justificar nuestras decisiones, basadas en la norma.

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