Competir o no competir: una decisión más compleja de lo que parece
Se acercan los encuentros de categorías inferiores y, como cada temporada,
surge la misma situación: algunos alumnos no quieren competir. A veces no lo
expresan claramente, otras ni siquiera saben explicar el porqué, pero como
entrenadores intuimos muchos de los factores que influyen en esta decisión.
Uno de los factores más determinantes, aunque a menudo se subestime, es el
entorno familiar. Puede parecer sorprendente, pero muchas familias ven el hecho
de desplazarse a una competición como una incomodidad. Para ellos, el judo es
simplemente una actividad extraescolar más, una forma de ocupar el tiempo por
la tarde.
Esta falta de implicación hace que la actividad pierda atractivo para el
alumno: no hay un interés real por su progresión, ni por el aprendizaje, ni por
los valores que transmite este deporte. En muchos casos, el niño acaba
reflejando esa falta de interés que percibe en casa.
En estos casos, los niños llegan al tatami sin un objetivo claro. Practican
judo, pero no lo sienten. Suelen evitar el randori, no muestran interés por
competir y enfocan la actividad como un entretenimiento puntual. Con el tiempo,
esta falta de motivación suele traducirse en aburrimiento. Las clases se
convierten en algo pesado, especialmente cuando se comparan con compañeros que
sí muestran ilusión por aprender, mejorar y superarse. Muchos de estos alumnos
acaban abandonando.
Sin embargo, no todo está perdido en estos perfiles. En ocasiones, gracias
al ambiente del grupo y al trabajo del entrenador, algunos de estos alumnos
descubren el judo de verdad. Empiezan a disfrutar, a implicarse y, poco a poco,
desarrollan una motivación propia que incluso supera la falta de interés
familiar. Es ahí donde nace el verdadero judoka.
Diferentes perfiles dentro del
tatami
En una clase de judo conviven múltiples perfiles, cada uno con su propia
relación con la competición:
¿Es obligatorio competir?
La respuesta es clara: no.
El judo es mucho más que la competición. Es un camino educativo, físico y
emocional. Competir puede ser una herramienta muy valiosa para el desarrollo
del alumno, pero no es el único camino.
La competición enseña a gestionar nervios, frustraciones, victorias y
derrotas. Refuerza valores como el esfuerzo, la disciplina y la resiliencia.
Pero también debe introducirse en el momento adecuado y de forma voluntaria.
Forzar a un alumno a competir puede generar rechazo y, en algunos casos,
abandono.
El papel del entrenador
Como entrenadores y formadores, nuestra misión no es crear campeones a
cualquier precio, sino formar personas a través del judo.
Cada alumno que entra por la puerta del club es un mundo. No sabemos qué
historia trae detrás, cuáles son sus motivaciones o sus miedos. Por eso debemos
adaptar nuestra enseñanza a cada uno de ellos.
Nuestro objetivo debe ser:
- Motivar sin
imponer
- Guiar sin
presionar
- Enseñar el
valor del esfuerzo más allá del resultado
- Crear un
entorno donde todos tengan cabida, compitan o no
Todos son potenciales judokas. Algunos llegarán a competir a distintos
niveles, otros practicarán judo durante años sin competir, pero todos pueden
beneficiarse de este deporte.
Conclusión
Si la respuesta es sí, vamos por el buen camino.
Porque, al final, el éxito en el judo no se mide solo en medallas, sino en
la formación de personas que entienden el esfuerzo, el respeto y la superación.
¡Nos vemos en el tatami!

Comentarios
Publicar un comentario